El viejo método GTD (Getting Things Done - David Allen, 2001) sugiere: “si supone menos de dos minutos, hazlo ya”. Tras muchos años aplicándolo, no estoy 100% de acuerdo; depende de cada caso.
Si recibes mucho menudeo, puede que sea contraproducente. Pregúntate: ¿Cuántas veces has acertado y realmente ha supuesto menos de dos minutos? ¿No son la mayoría de veces cinco, diez… o más? ¿Cuántas veces tardas menos de dos minutos… pero das una respuesta rápida y poco profunda que resulta en una nueva respuesta, robando otros dos minutos? ¿Cuántas “pequeñas tareas” (o distracciones) tienes a lo largo de la semana y cuánto tiempo suman al final?
Y sobre todo, ¿cuánto valor aportaron realmente? Muchísimos marcos de trabajo de priorización se basan en la fórmula “valor dividido entre esfuerzo”. Tiene sentido. Pero hacer algo ya por ser sencillo, sólo tiene en cuenta el denominador. Si sumas muchos casos que no aporten valor, es probable que lo resten.
Piensa no sólo si es pequeño, sino también si vale la pena.
También puedes trabajar en eliminar parte de lo que te llega, de manera que requieras menos tiempo para vaciar las bandejas. Es decir, reducir de manera estructural el volumen de información que recibes. Ejemplos:
25 ene 2026